El hombre vive contaminado, a ello no escapan los agricultores y ganaderos. Los pesticidas son venenos y por su uso no son inocuos. Los abonos químicos que se utilizan en estas actividades también contaminan las napas freáticas. Sin embargo a nadie se le ocurrió prohibir la ganadería o la agricultura. La única forma de disminuir el impacto sería la utilización de manejos orgánicos, certificados y controlados muy de cerca.
Ya existe un Código Minero y leyes y decretos que lo reglamentan, que son de aplicación nacional y ninguna ley provincial puede oponérsele. Menos aún una ordenanza municipal.
No se puede prohibir la minería, madre de empresas, ya que de ella dependen infinidad de industrias y por ende de familias.
Si se prohíbe el uso del ácido sulfúrico, debería prohibirse la fabricación y uso de baterías para autos, motos y camiones, que también contaminan con plomo.
Si se prohíbe el mercurio, debería prohibirse una gran cantidad de elementos eléctricos, aparentemente indispensables y hasta los simples termómetros que lo contienen.
Deberíamos prohibir las pilas por ser grandes contaminantes con plomo, mercurio y cadmio, y que, al igual que las baterías, no tienen un depósito seguro a su agotamiento.
También las construcciones por el polvo y la contaminación sonora que producen, y ni qué hablar de los vehículos con motor de explosión interna con su emisión de gases contaminantes, sumado al de los aviones con ambas contaminaciones (gases y sonido).
Como vemos, el hombre es un ser contaminante, pero está en su poder disminuir la polución, con un uso responsable y la última tecnología. El Estado es un todo un gran ausente o si no comete el error de prohibir lo que no puede (a nivel provincial), creando así la falsa idea de que la "minería no".
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